San Agustín para los tiempos modernos

"La humanidad busca reinventarse, pero parece haber olvidado la clave:

la sanación espiritual"

 

Tere García Ruiz

 

Según san Agustín, la bondad, el aprecio por los bienes espirituales y el amor a la Verdad son síntomas de madurez en el ser humano y Dios nos ayuda dentro del corazón donde nadie ve. El siglo XXI será de muchas personas santas que se aferran a ver la huella imborrable de Dios en cada ser humano y con bondad perseveran en compartir la Verdad. A lo largo del viaje, hay manifestaciones en contra. El mundo postmoderno no ama la verdad; la omite, la tergiversa, la oculta, se opone a ella, y presenta al relativismo como el poder y la panacea para la libertad.

 

Pero, ¿cómo llegamos a este momento ilógico de oposición a la verdad? En la antigüedad se buscaban el principio y fin del universo, así como el sentido de la vida y la fuente de la felicidad. Con base en sus hallazgos, en la edad media todo se centró en Dios. Pero dados los nefastos errores de aquellos siglos; en la ilustración antepusieron la ciencia, la técnica, el arte y la cultura sin Dios.

 

Después, la modernidad denuncia una gran decepción del ser humano y su orfandad; no hay paz en el mundo y se nota menos fecundidad. Aparece, entonces, la actual etapa postmoderna, en la que, como si alguna vez se hubiera inventado o creado a sí mismo; sin bases, contra toda ciencia, fe y verdad, la humanidad busca reinventarse.

 

Los siete pasos o etapas agustinianas sirven para todos los tiempos. Van desde la vitalidad que compartimos con las plantas hasta el encuentro definitivo con la Verdad. Pasamos de la satisfacción del cuerpo, en la primera etapa, a la unión con un ser distinto a nosotros para vivir el amor en familia, tener hijos y cuidarlos. En la tercera etapa nos asombran nuestras capacidades intelectuales, a nivel social, cultural, artístico, empresarial y político. Nos maravilla el potencial humano y su dominancia sobre lo creado. En esa etapa no hay distinción entre lo bueno y lo malo; sólo queremos el disfrute de la realidad, probando en ella nuestras capacidades, sin juzgar el móvil de las acciones.

 

En la cuarta etapa, gracias al análisis crítico de tan diversos escenarios, preferimos la bondad por encima de toda habilidad y destreza. Entonces, deseamos para todos los bienes espirituales. Se prefiere al artista más que a su arte. En esta etapa, ya no interesan el estatus, la moda, el tener, el afán de placer y de poder; se lucha contra los halagos y se reconoce impureza en el corazón, sin perder de vista la huella de Dios en cada persona. Quien llega a esta etapa, “se encomienda a Dios, para que la ayude y la perfeccione, en el tan difícil trabajo de su purificación personal”.

 

En la quinta etapa, sólo alegra la bondad que emana como un río desde el interior. Por eso, en la sexta etapa se tiene una firmeza indescriptible, y entonces, se busca a la Fuente de la gracia: “el alma no puede desviarse ni errar en la búsqueda de la Verdad”. En esta etapa comienza un nueva forma de ser y de vivir. La Verdad se obsequia como el mejor presente para la humanidad. Y es aquí cuando más solos nos encontramos, al mismo tiempo que mejor acompañados: seguros y asegurados en el Amor eterno que nos consuela y anima. 

 

Ya, en el séptimo grado, “es tanta la pureza, la sinceridad, y tan inmutable su fe, que jamás creerá haber sabido algo en otro tiempo, cuando le parecía tener ciencia. Y para que no sea prohibido al alma toda unirse por completo a toda la Verdad, llega a desear, como supremo beneficio, la muerte que antes temía”. Cabe advertir que este camino ascético amerita humildad, búsqueda y encuentro, interioridad y trascendencia, purificación constante, sencillez, oración y confianza; confianza en la huella de Dios que no se aparta del alma humana. Oremos para que nadie se salte la segunda etapa, ni se atore en la tercera; sólo así podremos salir de la hiriente etapa postmoderna.

 

 

Tere García Ruiz

Periodista, Filósofa y Escritora.

Especialista en San Agustín

Miembro de la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta.

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